Desde pequeño me gusto la música, en casa siempre recuerdo que hubo un tocadiscos; recuerdo perfectamente uno de maleta bicolor, combinaba dos tonalidades de grises y a mi me resultaba bonito, pero sonaba en mono y mal no, peor. Luego apareció otro marca Vanguard mucho mas sofisticado stereo y con mejor sonido, tenia hasta cassete para poder grabar los discos, tambien tenía sintonizador de radio. Ni que decir tiene que acorde a los tiempos que acontecian, mi padre ponia a buen recaudo dicho tocadiscos y no nos lo dejaba tocar bajo ningún concepto, aunque tengo que reconocer que sus labores de custodia no fuerón nunca eficaces ante las habilidades innatas que la naturaleza tuvo a bien darme 😈 En la radio de utilización mañanera por parte de mi madre mayormente, fluian programas musicales; en una televisión a vávulas en blanco y negro, tambien surgía música en programas infantiles y de jóvenes allá por los años 70.
Vanguard Gulliver éste era el tocadiscos:
El caso es que tuve a mano siempre el acceso a la musica, claro, a la que oian mis padres, Pepe Pinto, Manolo escobar, Los Bocheros, Zarzuelas y demás flamencos varios. Luego mi hermana cuatro años mayor, iba introduciendo aquel pop hortera , intercambiado con cantantes grasos (Los Diablos, Formula V, Camilo etc.) y a mi se me iba pegando.
Aquí se ve la televisión no recuerdo como se oía pero creo hacerme una idea. El personaje que esta en brazos es un servidor, el que me sostiene mi añorado, estricto y duro padre como mandaban los canones de la época.

Me vienen recuerdos de muy joven preadolescente, sentado con un amigo, Angel Asensio «Nene» en el suelo, en la puerta del portal, con una hoja en la mano donde escrita estaba la letra de la canción de moda del momento, la cantabamos los dos a duo, a pleno pulmón y sin ningún pudor, pues no estabamos dotados con unas voces y oidos muy afinados … 😳 No he vuelto a ver a Angel (Nene) ¡ que buen remate de cabeza tenías amigo !, tambien le dabas al tenis fenomenal; espero que la vida te haya ido genial.
Ibamos creciendo en pandilla en el barrio, montón de amigos, muchas horas de calle en aquellos tiempos de descampados, escenario ideal para las miles de historias que se nos ocurrian. Ya preadolescentes la música nos interesaba a un buen grupo de chavales, empezaba el prestamo de cintas de cassete e incluso algún disco entre nosotros, siempre música claro está, alejada de esa que escuchabamos en casa, nos empezaba a pellizcar el rock.
Algo mas crecido y a base de dar la turra, que es como se conseguian las cosas en casa, y siempre atacando por el lado materno, (el otro lado era del todo imposible, por lo cual hoy valoro mas la labor de convencimiento que hacia mi madre para dar buen fin a mis deseos) conseguí que me comprasen un organo … ¡madre mia! fué la ostia, pero eso sí, traía trampa, el precio era apuntarme al Real Conservartorio de Música de Madrid, allí en la Plaza de Opera, al parecer el entonces distinguido Profesor Artega, me inflingio todo tipo de atropellos y malos modales a fín de que aprendiese el bello arte del solfeo. Año y medio duro aquella tortura. No fuí nunca buen estudiante pero de verdad que los métodos de aprendizaje que utilizabán parecian diseñados para arrancarte la afición de cuajo. Ya de adulto retome los estudios del solfeo con métodos mucho mas coherentes, en tres meses avanzas lo que entonces en un año y de forma amena disfrutando desde el minuto uno del instrumento.

El organo que ya estaba en casa fue Un EKO Tiger 61 automatic.
A algunos amigos les habian regalado alguna guitarra, y entre escucha de cintas de cassetes y reuniones en alguna casa alrededor de un tocadiscos, ibamos aprendiendo acordes y canciones que sacabamos de oído a base de escuchar la cancíon una y mil veces …